La próxima edición del Manual de estadísticas y diagnóstico para los desórdenes mentales (DSM-5), biblia de la psiquiatría y psicología cognitiva en los EE.UU., considera al duelo y la rebeldía como enfermedades. “Es un forzamiento para patologizar y medicalizar a la comunidad”, dice el psicoanalista argentino Mario Goldenberg.
En los Estados Unidos, paraíso de la ciencia aplicada y las tecnologías de punta, nació en 1952 el Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders (DSM), biblia de la psiquiatría y de la psicología cognitiva que ya lleva cuatro ediciones y una quinta, lista para su venta en mayo de 2013. Sin embargo, el libraco (del cual se prevé una primera tirada de un millón de ejemplares) es noticia casi con un año de anticipación, por razones diversas, entre las más notorias, la “elección” de nuevos trastornos que edición tras edición se suman a un listado que si se quiere es un pésimo remedo del libro de los seres imaginarios al que Jorge Luis Borges durante un tiempo dedicó sus afanes.
Se sabe que el marketing y las estadísticas se asumen como fundamento moral en la llamada democracia del norte, tanto en cuestiones electorales, científicas como culturales. Y que la salud es un insumo, del cual está excluida el 60 por ciento de la población de ese país, que tiene la particularidad de cruzar los tres registros: políticos, científicos y culturales. ¿Cómo ignorar entonces que el duelo, la tristeza que acompaña la pérdida de alguien muy querido será considerada desde el próximo año una “enfermedad”, al igual que la rebeldía, bautizada “trastorno de oposición desafiante”, si para ambos males también existirán sus correspondientes placebos farmacológicos, esa próspera actividad, casi tanto como el tráfico de armas y de drogas (ilegales)? Sin embargo, versiones del DSM-5 ya están siendo usadas en los centros de salud -de varias partes del mundo- sin haber sido presentado aún en sociedad.
En estos momentos son aproximadamente 300 los trastornos identificados por un grupo de “notables” (médicos, psiquiatras, psiquiatras policías) pero la filtración del duelo y la rebeldía como novísimos “disturbios emocionales” que hizo pública un par de semanas atrás la revista especializada The Lancet, cayó mejor en los laboratorios que entre ciertos profesionales que intentan otro tipo de trabajo en USA, y ni hablar en Europa o América del Sur, que se ha convertido, durante estos años, en una de las cabeceras de playa de la resistencia a la medicalización de la vida que propone el manual. Digámoslo así: el DSM es un instrumento para provocar un cortocircuito entre las pasiones y el fondo de finitud que constituye al viviente: tal cual si fuera una máquina.
Pero el peso del DSM reside en que se ha convertido en una referencia no sólo para médicos (a los que se supone ayuda a establecer diagnósticos) o aseguradoras (que se guían por sus normas), sino para buena parte de la comunidad.
En conversación con Ñ digital, el psicoanalista argentino Mario Goldenberg, resultó explícito: “el próximo DSM, elaborado por la Asociación Psiquiátrica Americana, es un forzamiento para patologizar y medicalizar a la comunidad; una nueva reformulación clasificatoria que busca ampliar a través del discurso de la ciencia las enfermedades mentales. Trastornos, disforias, disfunciones. Es decir, intenta, bajo un disfraz de términos científicos, una clasificación de lo inclasificable: el padecimiento”.
El manual, considerado toda una institución, tiene su influencia, si se tiene en cuenta, por ejemplo, que hasta 1974 la homosexualidad figuraba en la lista de desórdenes; y que ahora que debate asuntos complicados como la identidad de género en relación con la transexualidad, o la compulsión a las compras o al sexo, en estos casos, “inventos” diagnósticos que han dado lugar a prósperos servicios y a negocios inmobiliarios. La cuestión es compleja, al punto que para evitar presiones -o aceptarlas (de la industria farmacéutica, aseguradoras, jueces, grupos religiosos y políticos)- el equipo asesor fue obligado a firmar una cláusula de confidencialidad, que como indican las filtraciones, no existe. ¿Por qué las filtraciones? La hipótesis más consistente sostiene que las internas entre los psiquiatras alcanzan para que los disidentes vean con alarma el altísimo nivel de medicación a los que se somete a los pacientes.
Psicoanalista también, Osvaldo Arribas dice que “parece ser un hecho que en el afán clasificatorio del DSM de los Estados Unidos no se quiere dejar afuera nada de ‘lo que nos pasa o nos puede pasar’. Este afán clasificatorio, ‘científico’, a cada síntoma un ‘trastorno’, es propio de USA, donde, al mismo tiempo, se rechaza más y más al psicoanálisis. Y un claro ejemplo es Siri Hustvedt, la mujer de Paul Auster, autora de ‘La mujer temblorosa’ y ‘Elegía para un americano’. En el primero, habla de un ataque histérico que la tomó hablando en un homenaje a su padre, hace un recorrido por distintas opiniones científicas y cuenta que siempre le dio pánico… analizarse. En el otro, el protagonista ¡es un analista!”.
Nacido en California pero radicado en Gran Bretaña, el lacaniano Darian Leader acaba de publicar -contra la doxa sanitaria- “La moda negra. Duelo, depresión y melancolía” (editorial Sexto Piso): “En este libro argumento que debemos renunciar al concepto de depresión como está enmarcado en la actualidad. En cambio, debemos ver lo que llamamos depresión como un conjunto de síntomas que derivan de historias humanas complejas y siempre distintas. Estas historias involucrarán las experiencias de separación y pérdida (…) Con el propósito de dar sentido a la forma en que hemos respondido a tales experiencias, necesitamos tener las herramientas conceptuales correctas; y éstas, creo, pueden ser encontradas en las viejas nociones de duelo y melancolía”, escribe.
Psicoanalista y escritor argentino, radicado en España desde 1976, Gustavo Dessal, se alza contra este dispositivo que piensa al sujeto como un robot: “La matanza perpetrada hace pocos días en Afganistán por un soldado americano perteneciente a la base Lewis-McChord de Seattle, ha hecho saltar el escándalo de los diagnósticos que los psiquiatras militares emplean a la hora de evaluar los trastornos psíquicos de su personal”.
“La base, que posee el récord en los Estados Unidos de soldados con suicidios, asesinatos y enfermedades mentales, y el Madigan Army Medical Center, el hospital que funciona en su interior, están siendo investigados por la senadora Patty Murray, presidenta del Comité de Veteranos de Guerra del Senado norteamericano, para determinar, entre otras cosas, las razones por las que se les ha retirado el diagnóstico de ‘trastorno de estrés post-traumático’ a 285 soldados de dicha base que inicialmente habían sido calificados dentro de esa categoría. La razón no ha tardado en aparecer: el Pentágono se ahorra unos cuantos cientos de miles de dólares en tratamientos que debería proporcionar a su personal afectado”.
“Lo interesante de esta historia, es que ya no es necesario remontarse a los tiempos de (Josef) Stalin para comprobar el papel que la psiquiatría puede llegar a cumplir como instrumento del poder. Desde hace algunos años, no es novedad que un inmenso sector de la psiquiatría mundial se ha convertido en ‘jardinero fiel’ (para usar el título de la novela de John Le Carré) de los intereses de la industria farmacéutica. El DSM ‘fabrica’ diagnósticos conforme a las necesidades del mercado. En pocas palabras: los laboratorios sacan una droga, y la psiquiatría justifica su empleo creando una categoría diagnóstica ‘ad hoc’”.
“Y para redondear el negocio, ¿qué mejor idea que convertir todo en ‘enfermedades’, ‘trastornos’ o ‘desórdenes’? No conformes con eso, los laboratorios han encontrado un nuevo filón: la infancia. ¿Por qué esperar a que el individuo crezca para convertirlo en consumidor de fármacos psiquiátricos, si hay cientos de millones de niños en el mundo que pueden ser clientes inmediatos? Sólo se necesita el concurso de burócratas, técnicos y psiquiatras que comprendan el potencial en juego. El DSM-5 incluye trastornos tales como la ‘rebeldía’ a la autoridad. Los políticos, convertidos en siervos del poder económico global, ven con interés la posibilidad de contar con una medicación, ‘científicamente’ avalada, para corregir desde la infancia todo asomo de cuestionamiento. Mejor prevenir desde que los ciudadanos son pequeños, especialmente ahora que vamos retornando a los índices de explotación y servidumbre de los tiempos de Dickens. Stanislaw Lem, el escritor de ciencia ficción, estaba en lo cierto cuando aseguró que el siglo XIX había sido el de la revolución industrial, el XX el de la revolución tecnológica, y el XXI el de la revolución química. El presidente de la Sociedad Española de Psiquiatría, el doctor Jerónimo Saiz, está empeñado en promover una campaña para que el gobierno apruebe una ley que permita la administración de un antipsicótico llamado Xeplio, incluso contra la voluntad del paciente. Orwell y Huxley se nos van quedando cortos de imaginación”.
Luciano Lutereau no va a menos: “Mi principal observación sobre el DSM es que sólo con torpeza se lo puede reconocer como un manual de diagnóstico, ya que el carácter estático de sus clasificaciones descriptivas desconoce el carácter de proceso que un diagnóstico debe tener para ser preciso. Asimismo, un diagnóstico siempre se hace en función de una orientación de tratamiento; si no, deja de ser operativo y potencialmente se vuelve una herramienta de control social. En tercer lugar, el DSM recae en una predicación sobre el ser del sujeto a partir de la media, cuando el sufrimiento es aquello que escapa a la norma. Aquí no sería desdeñable recordar los trabajos de (Georges) Canguilhem que distinguen norma y normalidad. Pero los usuarios actuales del DSM no sólo ignoran la historia de la medicina, sino que dejaron a un lado lo más básico de la psiquiatría clásica y los conceptos fundamentales de la psicopatología, a favor de una suerte de conductismo farmacológico. Por último, una observación sobre el síntoma: en el DSM, el síntoma es una conducta, un hábito, algo a corregir y no una elección que implica a quien lo padece; por eso aquí las respuestas son correctivas, y no apuestan a la capacidad electiva del ser hablante”.
Y Carlos Gustavo Motta explica que “en todas las ediciones del DSM es posible leer su orientación y espíritu. Su primera edición apareció en 1952 y en ella el término reacción reflejaba la influencia psicobiológica de Adolf Meyer, quien descarta la neurosis ubicando, en cambio, trastorno, designándolo como una representación de reacciones de la personalidad frente a factores psicológicos, sociológicos y biológicos. La cuestión confirma la disputa de lo clásico por lo nuevo y aquello que resulta complejo de leer frente a la inmediatez de la filosofía pragmática cognitivista, que no es ni buena ni mala, pero que esgrimida por ciertos profesionales perezosos a la lectura, culmina siendo dañina en sus efectos terapeúticos”.
“La clasificación del DSM más que facilitar, complica. A las tres estructuras freudianas, neurosis, psicosis y perversión, se las elimina para establecer una larga lista de afecciones que enumeradas bajo modalidades particulares, concluyen en una encrucijada numérica y fenoménica que bien le cabe en su título de estadístico y que permiten vía libre de acceso a la psicofarmacología incluyendo al sujeto en una cura pret-a-porter, ubicándolo en una profecía autocumplida, excluyéndolo de su dimensión fantasmática. Es tanto el deseo de distribuir el mundo entero según un código que una ley universal regirá el conjunto de los fenómenos: dos hemisferios; cinco continentes; masculino y femenino; animal y vegetal; singular y plural; derecha/izquierda; cuatro estaciones; cinco sentidos, etcétera. Así, el primer ajuste de la denominación en la salud mental del siglo XXI, el postergado DSM-5, comenzará a regir tanto en los fueros judiciales (los informes periciales, por ejemplo, se ajustan a esta característica) como en las mentes brillantes o lo que resulta más inquietante, aquellos profesionales que deben ajustarse a la norma para medicalizar y dejar satisfechas sus almas inquietas, plenas de ‘furor sanandis’”.
Silvia Elena Tendlarz dice que “Freud se ocupó de distinguir el duelo normal del patológico. La tristeza forma parte del duelo, del lento recuento de recuerdos que nos permite, recordando, olvidar. De los artistas y su espíritu saturnino, pasando por la melancolía, con el nuevo DSM nos encontramos con una metamorfosis: la tristeza por la pérdida de un ser querido no es la expresión del dolor que posibilita nuevas formas de encuentro sino que ahora es un trastorno, un desorden. Pero lo cierto es que de ese desorden nadie queda a salvo: la vida y la muerte son lados de una única moneda y dan sentido a la vida. Transformar al duelo en una patología que debe ser medicada es impedir dar adiós en el tiempo que cada uno necesita y volver a encontrar en los recuerdos a aquella persona que fue parte de nuestras vidas”.
Por si quedara alguna duda, en su viaje a los Estados Unidos Freud no vaciló en decir que el psicoanálisis -en ese “mundo perfecto- podía ser una “peste”. Lo que no se imaginó fueron los instrumentos que se dieron los oriundos para inmunizarse.-
Bienvenidos al blog del Symposio de APdeBA 2012 "La clínica psicoanalítica como observatorio de la época".El Simposio se llevará a cabo los días 1, 2 y 3 de noviembre de 2012. Encontrarán información útil sobre la organización, fechas, lecturas, videos que esperamos estimulen su participación. Déjenos su comentario, sus propuestas, sus ideas, y evocaciones. Será un modo de ir entrando en tema abriéndo el intercambio. Muchas gracias Sub Comisión del Symposio
viernes, 16 de marzo de 2012
martes, 13 de marzo de 2012
Estimados colegas:
Les acercamos nueva información sobre el simposio “La clínica psicoanalítica como observatorio de la época”. Como lo sugiere el título, esperamos que el Symposio sea un encuentro donde podamos, a partir de la clínica, pensar nuestra época. Por ello, nos interesa otorgar un lugar privilegiado a la discusión en talleres.
Intenciones: Se aceptarán hasta el 9 de Junio
Propuestas definitivas: Se aceptarán hasta el 31 de julio
Talleres: Los talleres tendrán una duración de 120 minutos y un máximo de 15 participantes y se centrarán en la discusión de un material clínico, el que deberá ser enviado a la sub comisión hasta el 31 de julio.
Deberá presentarse además el título del taller, una breve ubicación del contenido del material clínico. Contarán con un presentador y un moderador de la discusión.
Deberá presentarse además el título del taller, una breve ubicación del contenido del material clínico. Contarán con un presentador y un moderador de la discusión.
Trabajos libres: Los trabajos libres tendrán una extensión máxima de 6 carillas A4 Letra Arial 12 interlineado 1,5. Bibliografía en hoja aparte de no más de 5 referencias. Resumen de no más de 5 oraciones.Incluir 4 descriptores. Los trabajos libres serán agrupados en mesas de 2 o 3 trabajos cuya duración será de 120 minutos.
Paneles: Consisten en Presentaciones de un tópico por 2 ó 3 presentadores y un Coordinador de mesa .Tendrán una duración de 120 minutos; cada ponente podrá disponer de no más de 10 minutos para su presentación (4 carillas A4 Letra Arial 12 interlineado 1,5) para dejar tiempo suficiente a la discusión entre los panelistas y con los asistentes. En esta modalidad, también puede ser presentado un relato clínico que puede ser discutido durante 10 minutos por cada uno de los otros dos presentadores. Presentar como intención un Resumen (no más de 500 palabras) y al 31 de julio los textos definitivos para publicación.
Pequeños Grupos de Discusión: Tendrán una duración de 120 minutos, en los que los asistentes debaten un tema de interés. Las propuestas deberán incluir un coordinador y el tema de interés. Teniendo en cuenta la naturaleza participativa de esta actividad, el tiempo máximo para la presentación del tema por parte del coordinador será de 15 minutos y el coordinador tendrá a su cargo la moderación de una discusión horizontal en la que se estimule a los participantes a aportar mediante evocaciones clínicas, reflexiones teóricas, interrogantes, etc. las que se espera se expandan entre los integrantes del grupo fomentando la horizontalidad
del intercambio y participaciones que se retroalimenten. Se recomienda sugerir material de lectura previa y presentar al 31 de julio una introducción al tema y los objetivos del grupo de trabajo de una extensión de 4 carillas.
del intercambio y participaciones que se retroalimenten. Se recomienda sugerir material de lectura previa y presentar al 31 de julio una introducción al tema y los objetivos del grupo de trabajo de una extensión de 4 carillas.
Nota: En caso de que vaya a necesitar material adicional por favor indicarlo (p. ej, cañón, fotocopias, etc) teniendo en cuenta que la provisión de los mismos está sujeta a la disponibilidad que hubiera en la institución.
No dude en acercarnos sus sugerencias y propuestas.
Comisión del Simposio
Del diario de Etty Hilesum, joven judía holandesa, antes de morir en Auschwitz.
"Para encontrar un nuevo lenguaje,apropiado a la nueva forma de ver la vida, hay que callar hasta haberlo encontrado. Pero, aún así, no es posible callar, sería una huida. Hay que intentar enscontrar el lenguaje mientras se habla".
lunes, 12 de marzo de 2012
viernes, 9 de marzo de 2012
H Segal 2006 – The Melanie Klein Trust
“…In today’s political and social realities in which we seem to live in a blocked system of mutual projective identification imbued with deadly hostility I think we must be more than ever aware of the power of those forces. There is a lot of research about the mental life in many important and interesting fields but I think you must remember that psychoanalytic theories are forged in our clinical work and however much we can be interested in and try to communicate with other kinds of research our own laboratory is always the psychoanalytic setting and the psychoanalytic research into people’s minds.”
"Una fantasía....
"Una fantasía
Comienzo por una fantasía. Es una idea que me surgió escuchando ayer a la mañana a mis colegas, a nuestros colegas, decirnos en resumen lo mismo: los sujetos contemporáneos, postmodernos, incluso hipermodernos son desinhibidos, neodesinhibidos, «desamparados»*, sin brújula, desorientados. Escuchándolos, me decía : ¡Oh, sí! ¡Oh, sí, sí, sí¡ ¡Cuánto! Cuán desorientados estamos! ¡Qué verdadero es esto! Y es raro concebir una secuencia de cuatro colegas que están de acuerdo, luego estar de acuerdo con ellos y sentir que todo el mundo está de acuerdo, que hay un consenso en este punto.
Por lo tanto, escuchándolos, me preguntaba:¿desde cuándo es así, desde cuando estamos sin brújula? Y me respondía: sin duda desde que la moral civilizada como decía Freud -es una expresión de Freud – se quebró, se disolvió. Y el psicoanálisis tiene algo que ver con la disolución de la moral civilizada.
Nosotros, aquí, no todos, no los más jóvenes de nuestros auditores y auditoras que están allí; pero nosotros, guardamos el recuerdo de lo que fue esta moral civilizada. Tenemos aún la significación de esa moral. La tenemos al menos aún lo suficiente para poder comprender e incluso sentir los efectos de nuestra civilización actual, sentir los efectos del estado actual de nuestra civilización como inmoral, como yendo hacia la inmoralidad. En efecto, la moral civilizada, en el sentido de Freud, daba una brújula.Daba una punto de apoyo a los desamparados, sin duda por que inhibía. Podríamos de todos modos, preguntarnos : ¿por qué esta moral civilizada, en su bella época, al final, digamos, de la segunda mitad del siglo XIX, en la época victoriana, que Lacan recordaba, fue tan cruel? Puede ser que esta crueldad moral respondía ya a una grieta, a una falla que ya iba profundizándose en la civilización. Podría ocurrir que esa moral civilizada, cuando estuvo en vigencia, en los corazones, es posible, que haya sido ya una formación reactiva."...J. A. Miller 2004 - lV Congreso de la AMP
Comienzo por una fantasía. Es una idea que me surgió escuchando ayer a la mañana a mis colegas, a nuestros colegas, decirnos en resumen lo mismo: los sujetos contemporáneos, postmodernos, incluso hipermodernos son desinhibidos, neodesinhibidos, «desamparados»*, sin brújula, desorientados. Escuchándolos, me decía : ¡Oh, sí! ¡Oh, sí, sí, sí¡ ¡Cuánto! Cuán desorientados estamos! ¡Qué verdadero es esto! Y es raro concebir una secuencia de cuatro colegas que están de acuerdo, luego estar de acuerdo con ellos y sentir que todo el mundo está de acuerdo, que hay un consenso en este punto.
Por lo tanto, escuchándolos, me preguntaba:¿desde cuándo es así, desde cuando estamos sin brújula? Y me respondía: sin duda desde que la moral civilizada como decía Freud -es una expresión de Freud – se quebró, se disolvió. Y el psicoanálisis tiene algo que ver con la disolución de la moral civilizada.
Nosotros, aquí, no todos, no los más jóvenes de nuestros auditores y auditoras que están allí; pero nosotros, guardamos el recuerdo de lo que fue esta moral civilizada. Tenemos aún la significación de esa moral. La tenemos al menos aún lo suficiente para poder comprender e incluso sentir los efectos de nuestra civilización actual, sentir los efectos del estado actual de nuestra civilización como inmoral, como yendo hacia la inmoralidad. En efecto, la moral civilizada, en el sentido de Freud, daba una brújula.Daba una punto de apoyo a los desamparados, sin duda por que inhibía. Podríamos de todos modos, preguntarnos : ¿por qué esta moral civilizada, en su bella época, al final, digamos, de la segunda mitad del siglo XIX, en la época victoriana, que Lacan recordaba, fue tan cruel? Puede ser que esta crueldad moral respondía ya a una grieta, a una falla que ya iba profundizándose en la civilización. Podría ocurrir que esa moral civilizada, cuando estuvo en vigencia, en los corazones, es posible, que haya sido ya una formación reactiva."...J. A. Miller 2004 - lV Congreso de la AMP
BERTOLD BRECHT,"Galileo Galilei",1939
"Una vez más vamos a discutirlo todo.No vamos a avanzar con las botas de 7 leguas sino a la velocidad del caracol. Lo que descubrimos hoy, lo borraremos mañana de nuestro pizarron, para luego volver a escribirlo otra vez.Y a lo que deseabamos descubrir, lo vamos a mirar con desconfianza.
Empezamos a observar al Sol con la intención inexorable de demostrar la inmovilidad de la Tierra y solo cuando hayamos fracasado y estemos irremediablemente derrotados y sin esperanzas,lamiendo nuestras heridas en el estado más triste,empezaremos a preguntarnos si no tendremos razón en que la Tierra gira.Y si sucede que cualquier otra idea que no sea esa se nos derrite entre las manos,entonces no tendremos piedad para aquellos que no han buscado y sin embargo hablan."
BERTOLD BRECHT,"Galileo Galilei",1939
jueves, 8 de marzo de 2012
miércoles, 7 de marzo de 2012
"¿Qué es ser contemporáneo? " , por Giorgio Agamben
"¿Qué es ser
contemporáneo? "
por Giorgio Agamben.
por Giorgio Agamben.
Traducción de Cristina Sardoy. Clarín 21-03.09
¿Qué es ser contemporáneo? Esta fue la pregunta
que guió el curso de filosofía que Giorgio Agamben dictó en el Instituto
Universitario de Arquitectura de Venecia. Es también el título de este ensayo,
hasta hoy inédito en castellano, que publicamos con la crítica del primer
análisis total de su obra.
# 1
La pregunta que desearía inscribir en el umbral de este
seminario es: "¿De quiénes y de qué somos contemporáneos? Y, sobre todo, ¿qué
significa ser contemporáneos?" (...) De Nietzsche nos viene una indicación
inicial, provisoria, para orientar nuestra búsqueda de una respuesta. (...) En
1874, Friedrich Nietzsche, un joven filólogo que había trabajado hasta entonces
en textos griegos y dos años antes había alcanzado una celebridad imprevista con
El origen de la tragedia , publica las Consideraciones
Intempestivas , con las cuales quiere ajustar cuentas con su tiempo,
tomar posición respecto del presente. "Intempestiva esta consideración lo es",
se lee al comienzo de la segunda Consideración "porque intenta entender como un
mal, un inconveniente y un defecto algo de lo cual la época justamente se siente
orgullosa, o sea, su cultura histórica, porque pienso que todos somos devorados
por la fiebre de la historia y deberíamos, al menos, darnos cuenta". Nietzsche
sitúa, por tanto, su pretensión de "actualidad", su "contemporaneidad" respecto
del presente, en una desconexión y en un desfase. Pertenece realmente a su
tiempo, es verdaderamente contemporáneo, aquel que no coincide perfectamente con
éste ni se adecua a sus pretensiones y es por ende, en ese sentido, inactual;
pero, justamente por eso, a partir de ese alejamiento y ese anacronismo, es más
capaz que los otros de percibir y aprehender su tiempo.
Esta no-coincidencia no significa, naturalmente, que sea contemporáneo quien vive en otra era, un nostálgico que se siente más cómodo en la Atenas de Pericles o en el París de Robespierre y del Marqués de Sade que en la ciudad y el tiempo que le tocó vivir. Un hombre inteligente puede odiar su tiempo, pero sabe que pertenece irrevocablemente a él, sabe que no puede huir de su tiempo.
La contemporaneidad es, pues, una relación singular con el
propio tiempo, que adhiere a éste y, a la vez, toma su distancia; más
exactamente, es "esa relación con el tiempo que adhiere a éste a través de un
desfase y un anacronismo". Los que coinciden de una manera excesivamente
absoluta con la época, que concuerdan perfectamente con ella, no son
contemporáneos porque, justamente por esa razón, no consiguen verla, no pueden
mantener su mirada fija en ella.
# 2
En 1923, Osip Mandelstam escribe la poesía "El siglo" (la
palabra rusa vek significa también "época"). Contiene no una reflexión sobre el
siglo, sino sobre la relación entre el poeta y su tiempo, es decir, sobre la
contemporaneidad. No el "siglo" sino, según el primer verso, "mi siglo" (vek
moi):
Mi siglo, mi bestia, ¿hay alguien que pueda
escudriñar en tus ojos
y soldar con su sangre
las vértebras de dos siglos?
# 3
El poeta, que debía pagar su contemporaneidad con la vida, es
quien debe mantener fija la mirada en los ojos de su siglo-bestia, soldar con su
sangre la espalda quebrada del tiempo. El poeta –el contemporáneo— debe tener
fija la mirada en su tiempo. ¿Pero qué ve quien ve su tiempo, la sonrisa demente
de su siglo? Me gustaría aquí proponerles una segunda definición de la
contemporaneidad: contemporáneo es aquel que mantiene la mirada fija en su
tiempo, para percibir no sus luces, sino sus sombras. Todos los tiempos son,
para quien experimenta su contemporaneidad, oscuros. Contemporáneo es quien sabe
ver esa sombra, quien está en condiciones de escribir humedeciendo la pluma en
la tiniebla del presente. Mas ¿qué significa "ver una tiniebla", "percibir la
sombra"?
Una primera respuesta nos es sugerida por la neurofisiología de
la visión. ¿Qué sucede cuando nos encontramos en un ambiente sin luz, o cuando
cerramos los ojos? ¿Qué es la sombra que vemos en ese momento? Los
neurofisiólogos nos dicen que la ausencia de luz desinhibe una serie de células
periféricas de la retina, llamadas, precisamente, off-cells, que entran en
actividad y producen esa especie particular de visión que llamamos sombra. La
sombra no es, por ende, un concepto privativo, la simple ausencia de luz, algo
como una no visión, sino el resultado de la actividad de las off-cells
, un producto de nuestra retina. Esto significa (...) que percibir esa
sombra no es una forma de inercia o pasividad sino que implica una actividad y
habilidad particulares, que, en nuestro caso, equivalen a neutralizar las luces
que provienen de la época para descubrir su tiniebla, su sombra especial, que no
es, de todos modos, separable de esas luces.
Puede llamarse contemporáneo solamente al que no se deja cegar
por las luces del siglo y es capaz de distinguir en éstas la parte de la sombra,
su íntima oscuridad. Con esto, todavía no hemos respondido a nuestra pregunta.
¿Por qué debería interesarnos poder percibir las tinieblas que provienen de la
época? ¿Acaso la sombra no es una experiencia anónima y por definición
impenetrable, algo que no está dirigido a nosotros y no puede, por lo tanto,
incumbirnos? Al contrario, contemporáneo es aquel que percibe la sombra de su
tiempo como algo que le incumbe y no cesa de interpelarlo, algo que, más que
cualquier luz, se refiere directa y singularmente a él. Quien recibe en pleno
rostro el haz de tiniebla que proviene de su tiempo.
# 4
En el firmamento que miramos de noche, las estrellas
resplandecen rodeadas de una espesa tiniebla. Teniendo en cuenta que en el
universo hay un número infinito de galaxias y de cuerpos luminosos, la sombra
que vemos en el cielo es algo que, según los científicos, requiere una
explicación. Me gustaría hablar ahora de la explicación que la astrofísica
contemporánea da para esa sombra. En el universo en expansión las galaxias más
remotas se alejan de nosotros a una velocidad tan grande que su luz no puede
llegarnos. Lo que percibimos como la sombra del cielo es esa luz que viaja
velocísima hacia nosotros y no obstante no puede alcanzarnos, porque las
galaxias de las que proviene se alejan a una velocidad superior a la velocidad
de la luz. Percibir en la oscuridad del presente esa luz que trata de
alcanzarnos y no puede: eso significa ser contemporáneos. De ahí que ser
contemporáneos sea, ante todo, una cuestión de coraje: porque significa ser
capaces no sólo de mantener la mirada fija en la sombra de la época, sino
también percibir en esa sombra una luz que, dirigida hacia nosotros, se aleja
infinitamente de nosotros. Es decir: llegar puntuales a una cita a la que sólo
es posible fallar.
Por eso el presente que la contemporaneidad percibe tiene las
vértebras rotas. Nuestro tiempo, el presente, no es sólo lo más distante: no
puede alcanzarnos de ninguna manera. Tiene la columna quebrada y nos hallamos
exactamente en el punto de la fractura. Por eso somos, a pesar de todo, sus
contemporáneos. La cita que está en cuestión en la contemporaneidad no tiene
lugar simplemente en el tiempo cronológico: es, en el tiempo cronológico, algo
que urge en su interior y lo transforma. Esa urgencia es lo intempestivo, el
anacronismo que nos permite aprehender nuestro tiempo en la forma de un
"demasiado temprano" que es, también, un "demasiado tarde", de un "ya" que es
también un "todavía no". Y reconocer en la tiniebla del presente la luz que,
aunque sin poder alcanzarnos nunca, está permanentemente en viaje hacia
nosotros.
# 5
Un buen ejemplo de esta especial experiencia del tiempo que
llamamos la contemporaneidad es la moda. Lo que define la moda es que introduce
en el tiempo una discontinuidad, que lo divide según su actualidad o falta de
actualidad, su estar y su no estar más a la moda (a la moda y no simplemente de
moda, que alude sólo a las cosas). Pese a ser sutil, esta cesura es clara:
quienes deben percibirla la perciben infaliblemente y de esa forma certifican su
estar a la moda; pero si tratamos de objetivarla y fijarla en el tiempo
cronológico, se revela inasible. Sobre todo el "ahora" de la moda, el instante
en que comienza a ser, no es identificable por ningún cronómetro. ¿Ese "ahora"
es el momento en que el estilista concibe el rasgo, el matiz que definirá la
nueva forma de la prenda? ¿O en que la confía al dibujante y luego a la
sastrería que confecciona el prototipo? ¿O, más bien, el momento del desfile,
donde la prenda es llevada por las únicas personas que están siempre y solamente
a la moda, las mannequins , que, no obstante, justamente por eso, nunca
lo están realmente? Porque, en última instancia, el estar a la moda de la
"forma" o la "manera" dependerá de que las personas en carne y hueso, distintas
de las mannequins –víctimas sacrificiales de un dios sin rostro– la
reconozcan como tal y la conviertan en su vestimenta.
El tiempo de la moda está, por ende, constitutivamente
adelantado a sí mismo, y por eso también siempre retrasado, siempre tiene la
forma de un umbral inasible entre un "todavía no" y un "ya no". Es probable que,
como sugieren los teólogos, eso depende de que la moda, al menos en nuestra
cultura, es una signatura teológica del vestido, que deriva de la circunstancia
de que la primera prenda de vestir fue confeccionada por Adán y Eva después del
pecado original, en la forma de un paño entrelazado con hojas de higuera. (Las
prendas que nos ponemos derivan, no de ese paño vegetal, sino de las tunicae
pelliceae, de los vestidos hechos con pieles de animales que Dios, según Gen.
3.21, hace vestir, como símbolo tangible del pecado y de la muerte, a nuestros
progenitores en el momento en que los expulsa del paraíso.) En todo caso, más
allá de cuál sea la razón, el "ahora", el kairos de la moda es
inasible: la frase "estoy en este instante a la moda" es contradictoria, porque
en el segundo que el sujeto la pronuncia, ya está fuera de moda.
Por eso, el estar a la moda, como la contemporaneidad, comporta
cierta "soltura", cierto desfase, en que su actualidad incluye dentro de sí una
pequeña parte de su afuera, un dejo de demodé. De una señora elegante se decía
en París en el siglo XIX, en ese sentido: "Elle est contemporaine de tout le
monde". Pero la temporalidad de la moda tiene otro carácter que la emparienta
con la contemporaneidad. En el gesto mismo en que su presente divide el tiempo
según un "ya no" y un "todavía no", ella crea con esos "otros tiempos"
–ciertamente, con el pasado y, quizá, también con el futuro– una relación
particular. Puede, vale decir, "citar" y, de esa manera, reactualizar cualquier
momento del pasado (los años 20, los años 70, pero también la moda imperio o
neoclásica). Puede, por ende, poner en relación lo que dividió inexorablemente,
volver a llamar, re-evocar y revitalizar lo que había declarado muerto.
# 6
Esta relación especial con el pasado tiene otro aspecto. La contemporaneidad se inscribe en el presente señalándolo sobre todo como arcaico y sólo quien percibe en lo más moderno y reciente los indicios y las signaturas de lo arcaico puede ser su contemporáneo. Arcaico significa: próximo al arché, o sea, al origen. Pero el origen no está situado sólo en un pasado cronológico: es contemporáneo al devenir histórico y no cesa de funcionar en éste, como el embrión continúa actuando en los tejidos del organismo maduro y el bebé en la vida psíquica del adulto. La distancia y a la vez la cercanía que definen a la contemporaneidad tienen su fundamento en esa proximidad con el origen, que en ningún punto late con tanta fuerza como en el presente.
(...)
Los historiadores de la literatura y el arte saben que entre lo arcaico y lo moderno hay una cita secreta, y no tanto en razón de que las formas más arcaicas parecen ejercer en el presente una fascinación particular, sino porque la clave de lo moderno está oculta en lo inmemorial y lo prehistórico. Así, el mundo antiguo en su final se vuelve, para reencontrarse, hacia los orígenes: la vanguardia, que se extravió en el tiempo, sigue a lo primitivo y lo arcaico. En ese sentido, justamente, se puede decir que la vía de acceso al presente tiene necesariamente la forma de una arqueología. Que no retrocede sin embargo a un pasado remoto, sino a lo que en el presente no podemos en ningún caso vivir y, al permanecer no vivido, es incesantemente reabsorbido hacia el origen, sin poder nunca alcanzarlo. Porque el presente no es otra cosa que la parte de no-vivido en cada vivido y lo que impide el acceso al presente es justamente la masa de lo que, por alguna razón (su carácter traumático, su cercanía excesiva) no logramos vivir en él. (...)
# 7
Quienes han tratado de pensar la contemporaneidad pudieron
hacerlo sólo a costa de escindirla en más tiempos, en introducir en el tiempo
una des-homogeneidad esencial. Quien puede decir: "mi tiempo", divide el tiempo,
inscribe en él una cesura y una discontinuidad; y, sin embargo, justamente a
través de esa cesura, esa interpolación del presente en la homogeneidad inerte
del tiempo lineal, el contemporáneo instala una relación especial entre los
tiempos. Si bien, como hemos visto, el contemporáneo es quien quebró las
vértebras de su tiempo (o percibió la falla o el punto de ruptura), él hace de
esa fractura el lugar de cita y de encuentro entre los tiempos y las
generaciones. Nada más ejemplar, en ese sentido, que el gesto de Pablo de Tarso,
en el punto que experimenta y anuncia a sus hermanos esa contemporaneidad por
excelencia que es el tiempo mesiánico, el ser contemporáneos del mesías, que él
llama el "tiempo de ahora" (ho nyn kairos). No sólo ese tiempo es
cronológicamente indeterminado (...) sino que tiene la capacidad singular de
relacionar consigo mismo cada instante del pasado, de hacer de cada momento o
episodio del relato bíblico una profecía o una prefiguración (typos, figura, es
el término preferido de Pablo) del presente (así Adán, a través de quien la
humanidad recibió la muerte y el pecado, es "tipo" o figura del mesías, que trae
a los hombres la redención y la vida).
Esto significa que el contemporáneo no es sólo quien,
percibiendo la sombra del presente, aprehende su luz invendible; es también
quien, dividiendo e interpolando el tiempo, está en condiciones de transformarlo
y ponerlo en relación con los otros tiempos, leer en él de manera inédita la
historia, "citarla" según una necesidad que no proviene en absoluto de su
arbitrio, sino de una exigencia a la que él no puede dejar de responder. Es como
si esa luz invisible que es la oscuridad del presente, proyectase su sombra
sobre el pasado y éste, tocado por su haz de sombra, adquiriese la capacidad de
responder a las tinieblas del ahora. Algo similar debía de tener en mente Michel
Foucault cuando escribía que sus indagaciones históricas sobre el pasado son
sólo la sombra proyectada por su interrogación teórica del presente. Y Walter
Benjamin, cuando escribía que el signo histórico contenido en las imágenes del
pasado muestra que éstas alcanzarán la legibilidad sólo en un determinado
momento de su historia. De nuestra capacidad de prestar oídos a esa exigencia y
a esa sombra, de ser contemporáneos no sólo de nuestro siglo y del "ahora", sino
también de sus figuras en los textos y los documentos del pasado, dependerán el
éxito o el fracaso de nuestro seminario.
Enlace http://www.ddooss.org/articulos/textos/Giorgio_Agamben.htm
Enlace http://www.ddooss.org/articulos/textos/Giorgio_Agamben.htm
SIMPOSIO ANUAL – “LA CLÍNICA PSICOANALÍTICA COMO OBSERVATORIO DE LA ÉPOCA
SIMPOSIO ANUAL – “LA CLÍNICA PSICOANALÍTICA COMO OBSERVATORIO DE LA ÉPOCA”
El Simposio se llevará a cabo los días 1, 2 y 3 de noviembre de 2012.
“Pertenece realmente a su tiempo, es verdaderamente contemporáneo, aquel que no coincide perfectamente con éste ni se adecua a sus pretensiones y es por ende,
en ese sentido, inactual; pero, justamente por eso, a partir de ese alejamiento y ese anacronismo, es más capaz que los otros de percibir y aprehender su tiempo (…) Me gustaría aquí proponerles una segunda definición de la contemporaneidad: contemporáneo es aquel que mantiene la mirada fija en su tiempo, para percibir no sus luces, sino sus sombras. Todos los tiempos son, para quien experimenta su contemporaneidad, oscuros. Contemporáneo es quien sabe ver esa sombra… ”
en ese sentido, inactual; pero, justamente por eso, a partir de ese alejamiento y ese anacronismo, es más capaz que los otros de percibir y aprehender su tiempo (…) Me gustaría aquí proponerles una segunda definición de la contemporaneidad: contemporáneo es aquel que mantiene la mirada fija en su tiempo, para percibir no sus luces, sino sus sombras. Todos los tiempos son, para quien experimenta su contemporaneidad, oscuros. Contemporáneo es quien sabe ver esa sombra… ”
G. Agamben
Con estas líneas de Agamben, les presentamos el título de nuestro próximo Symposio que esperamos sea la culminación del trabajo que la Secretaría científica se ha propuesto para este año.
Con estas líneas de Agamben, les presentamos el título de nuestro próximo Symposio que esperamos sea la culminación del trabajo que la Secretaría científica se ha propuesto para este año.
Quisiéramos que el Symposio sea el reflejo de las líneas de pensamiento, de las inquietudes e interrogantes que suscita y recorren nuestra práctica como psicoanalistas, sus luces, sus oscuridades y sus sombras.
¿Qué nos dice nuestra clínica de nuestra época?
En el título, al proponer la clínica como observatorio de la época, nos inclinamos a pensar a los observatorios como un proceso de aprehensión de la realidad a través de sus indicadores e indicios para reflejar de ella su vastedad social, cultural, política, económica y otras del contexto local.
Los observatorios, instrumento de reflexión en otras disciplinas, se dedican al estudio de dinámicas, procesos, emergencias de la propia sociedad conectando con la actualidad inmediata del entorno y reaccionando ante ellos. La mayor parte de los observatorios no permanece estancada en la mera contemplación de la realidad, sino que participan, directa o indirectamente, de iniciativas de reacción en el debate social orientado a promover y divulgar elementos para un análisis crítico.
Recibiremos con mucho interés las sugerencias que nos hagan llegar acerca de lo que este tema les evoca y esperamos que se vean plasmadas tanto en mesas de trabajos como en talleres que estarán dirigidos a la discusión de material clínico.
Los mantendremos informados.
Sub-comisión de Symposio
Directora: Mónica Vorchheimer
Secretaria: Elena Kaplan
Vocales: Gabriela Blachman, Eduardo Di Nunzio, Romina Grus, Marcos Koremblit, LalyMargulis, Viviana Piccolo, Horacio Sbaraglia
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