Entrevista a Dany-Robert Dufour - Por Diego Lizarazo y Pablo Gaytán
El filósofo francés Dany-Robert Dufour estuvo con nosotros el pasado mes de mayo en entrevista exclusiva para la revista Versión. Durante su estancia en nuestro país también impartió los seminarios El capitalismo y el goce, en la Facultad de Psicología de la Universidad Autónoma de Querétaro, y El liberalismo como liberación de las pasiones y las pulsiones: un estado de violencia generalizado, en el plantel Xochimilco de la Universidad Autónoma Metropolitana; este último fue organizado por los departamentos de Relaciones Sociales y Educación y Comunicación. El también profesor de Ciencias de la Educación y director del Programa del Colegio Internacional de Filosofía de la Universidad París VIII es heredero directo del grupo Socialismo o Barbarie, integrado, entre otros, por Cornelius Castoriadis, Claude Lefort y Jean-François Lyotard. Discípulo de este último,
Dufour en los sendos seminarios que impartió a filósofos, psicoanalistas, sociólogos y antropólogos expuso su teoría sobre el sujeto posmoderno, las mutaciones antropológicas provocadas por el ultraliberalismo, así como su perspectiva sobre el estado de violencia generalizada en el mundo contemporáneo, centrándose en los procesos simbólicos del sujeto, desde la conjunción de las filosofías del lenguaje y la política, el psicoanálisis lacaniano y la sociología crítica. Es autor de Les mystères de la trinité (Gallimard, 1990), Lettres sur la nature humaine à l’usage des survivants (Calmman-Lévy, 1999), Locura y democracias. Ensayo sobre la forma unaria (FCE, 2002), El arte de reducir cabezas. Sobre la servidumbre del hombre liberado en la era del capitalismo total (Paidós, 2007), Lacan y el espejo sofiánico de Boehme (FUNDAP-UAQ, 2005).
Sus ideas, conceptos y perspectivas sobre la construcción de la violencia en tiempos del “divino mercado” y el “sujeto perverso”, así como su análisis sobre la convivencia del aparato estatal y las empresas criminales vienen al caso en el actual contexto mexicano, por esos motivos esta entrevista permite enriquecer la comprensión del origen complejo de nuestro estado actual de violencia generalizada.Versión Nueva Época
Diego Lizarazo:
Usted sabe que en América Latina, y especialmente en México, el horizonte social ha tenido una experiencia contemporánea de sobresaturación y exacerbación de la violencia, ¿cuál es su visión acerca de este fenómeno?
Dany-Robert Dufour:
Lo primero que puedo decirle es que el fenómeno de la violencia es un fenómeno mundial, no sólo de América Latina, cobra ciertos aspectos particulares aquí en América Latina, sobre todo en México, pero en Europa también es muy importante. Por ejemplo, a lo largo de los últimos ocho-diez años en las instituciones escolares hemos ubicado una cantidad bastante considerable de actos de violencia realizados por alumnos, que pasan desde la simple falta de civilidad –es decir la rebelión a los profesores– hasta actos de agresión física contra los maestros, por ejemplo, con cuchillos. Para darles una idea de la amplitud de este fenómeno: según las cifras del Ministerio de Educación, en Francia hemos contabilizado más o menos como cien mil actos de violencia cada año. Ustedes saben que se podría decir lo mismo de otras partes del mundo, por ejemplo, Alemania, Italia, en el resto de los países hay pasos de actos violentos que actualmente se registran, incluso, como lo que podríamos llamar una hiperviolencia. Me parece que el fenómeno comenzó en 1998, a partir de los acontecimientos de la Columbine High School donde un estudiante llegó a la universidad y ametralló a sus camaradas y trató de matar a sus profesores. Estos actos se han multiplicado
en el mundo: en Estados Unidos, Japón, Alemania, Brasil, Francia, así que no crean que ustedes en México están en una situación absolutamente singular, creo que están en una situación tal vez, podríamos decir, más exacerbada que en otros países, pero es un fenómeno que merece una explicación global mas no una explicación local. Trataré de proporcionar esta explicación global limitando o identificando lo que la cultura contemporánea globalizada, esta cultura internacional, esta cultura mundial, pide ahora a cada uno de los individuos: la cultura internacional exige a cada uno de nosotros que vayamos hasta el final de la defensa
de nuestros intereses privados, se trata de la antropología liberal que privilegia la idea de la defensa a ultranza de los intereses privados, la idea de la defensa cueste lo que cueste de los vicios privados, la idea de la defensa cueste lo que cueste del self love, tal como se le llamó en el siglo XVIII cuando esta antropología comenzó. En aquel entonces el curso del mundo había conocido el principio altruista pero a partir del siglo XVIII el principio egoísta empezó a imponerse. Podemos decir que a lo largo de dos siglos ambos principios se equilibraron pero después, gracias al giro ultraliberal o neoliberal del mundo, el principio
egoísta se impuso. Aquellos que sostienen ese principio piensan que ese principio permite al sujeto realizarse, es decir, que si yo, por ejemplo, estoy apuntando a la defensa de mis intereses privados y logro defenderlos, no puedo más que conseguir beneficios personales; se piensa que esto es bueno para cada individuo y que también es bueno para el ambiente en el cual estamos. Y el ambiente en el cual estamos es el ambiente del mercado, un mercado generalizado, una instancia que les dice a todo mundo: vamos, adelante, libera tus pasiones, libera tus pulsiones, te podemos proporcionar un objeto manufacturado, te podemos proporcionar un servicio mercantil, te podemos proporcionar una fantasía producida por los intereses culturales que te permitirá realizar todas tus apetencias sin excepción, tú puedes hacer lo que quieras. Es evidente que esto es bueno para el mercado puesto que desarrolla considerablemente los productos mercantiles que son propuestos ahora en el mundo entero gracias a la globalización, pero también resulta claro que produce ciertos desbordamientos a nivel social. ¿Qué pasa con estos desbordamientos a nivel social? Producen evidentemente efectos de violencia, efectos de devastación del vínculo social, porque cuando realizo o satisfago mis apetencias personales sólo pienso en mí, estoy en un estado mental egoísta que me permite instrumentar al otro en mi beneficio, es decir, usarlo como cosa. Y esto puede regresarse en mi contra porque los otros también me pueden volver una cosa. Yo me puedo volver un adicto a ciertos productos y no me parece sorprendente que entre el conjunto de mercancías que se nos presentan en el mundo la droga sea una de ellas, sabemos que produce efectos adictivos.
¿Ve más o menos la imagen? En esta cultura tenemos una incitación al goce generalizado que produce a la vez un efecto devastador del ser uno mismo, permite con más proclividad caer en la adicción pero también produce efectos de destrucción del vivir juntos puesto que puedo instrumentalizar al otro cuando trato de aplicar la defensa de mis propios intereses. Entonces creo que la violencia estructural no es sólo de México, aunque aquí cobra un aspecto espectacular, sino que pertenece a la ideología liberal y ultraliberal en la cual vivimos actualmente.
Diego Lizarazo:
Yo creo que da una visión muy clara de esta conexión entre la civilización ultraliberal –o de esta extensión del capitalismo neoliberal a nivel global– y el estado de violencia que atraviesa todos los intersticios, todas las experiencias, todas las relaciones humanas. Hay dos aspectos que me gustaría profundizar un poco con usted: en primer lugar, el vínculo entre el movimiento ultraliberal y el espíritu de la modernidad, ¿qué clase de conexión hay entre el proyecto civilizatorio de la modernidad y esta dinámica a través de la cual el espíritu ultraliberal capitalista se toma el proyecto moderno, o es la esencia del proyecto moderno? La segunda cuestión, a propósito de nuestra situación en América Latina, es el significado del narcotráfico como la más plena y última realización del principio del capitalismo, como reducción de toda la vida humana a capital; es
decir, creo que el narcotráfico está realizando este ethos, esta ideología del capitalismo, y en ese sentido no es una excepción en el mundo del capital sino su plena realización.
Dany-Robert Dufour:
Me parece que usted tiene toda la razón, tal vez haría una puntualización para iniciar y es que yo creo que esto no tiene que ver con un ideal moderno sino más bien con un ideal posmoderno. Nosotros hemos abandonado una parte del ideal de la Ilustración o del Siglo de las Luces que consistía en tratar de crear un sujeto que no estaba dominado por sus pasiones y sus pulsiones, que era capaz de liberarse de ellas para alcanzar un ideal crítico, un sujeto capaz de pensar por sí mismo. Actualmente estamos en un ideal posmoderno que redujo el sujeto crítico a un sujeto consumidor, vivimos en un mundo de generalización del sujeto conservador y de la generalización, como lo dijo muy bien, de las relaciones mercantiles. A partir de la generalización de estas relaciones mercantiles me parece evidente que no sólo hemos de considerar las relaciones mercantiles legales sino también las relaciones mercantiles ilegales, porque después de todo sabemos que actualmente en el mundo un dólar de cada cinco proviene del crimen organizado. Es una ficción suponer que hay una diferencia entre el mundo legal y el mundo ilegal. Estos dos mundos están completamente integrados. Es evidente que el conjunto de los capitales producidos por el crimen organizado va inmediatamente hacia el sistema bancario internacional y a partir de este momento ya no hay ninguna razón para pensar que hay un mundo limpio y legal, y un mundo sucio del crimen organizado. Vivimos en un solo mundo unificado por el conjunto de relaciones mercantiles con muchas conexiones entre el mundo del crimen organizado y el mundo, digamos, de las finanzas legales; de hecho, en el momento de la crisis financiera de 2008 vimos que el mundo de las finanzas legales funcionaba con varios principios que llevaban hacia efectos verdaderamente fuertes. Esta crisis se debió en gran parte a la crisis de los so prime. ¿En
qué consistían los so prime? Consistían en darle créditos a gente que no tenía dinero pero era dinero que los mismos bancos tampoco tenían y que debía ser reembolsado. Esto creó burbujas especulativas que en cierto momento explotaron y crearon efectos considerables en los ámbitos financiero, político y económico. El mundo supuestamente legal funciona a partir de la venta de productos inexistentes a gente que no tiene dinero para comprarlos; éste ya es un mundo ilegal. Debemos dejar la ilusión de que funcionamos en dos mundos: el legal por un lado y el del crimen organizado por el otro; ambos están totalmente relacionados,
cuando comprendamos este entrelazado entenderemos algo de su funcionamiento.
Diego Lizarazo:
Antes de hacer la pregunta sobre el narcotráfico usted señaló un punto que me parece muy importante: en la lógica del poder el problema de la legalidad y de la ilegalidad es para los excluidos, para los pobres del mundo, para los que finalmente constituyen las zonas marginales y sin poder de la sociedad. Las élites políticas, económicas, el poder, no tienen mayor preocupación por estos límites. Pienso en dos cosas, casi en dos metáforas: la paradoja que resulta de la Vivimos en un solo mundo unificado por el conjunto
de relaciones mercantiles con muchas conexiones entre el mundo del crimen organizado y el mundo, digamos, de las finanzas legales...persecución que hacen los estados de los grupos de narcotráfico, una expresión de doble moral, porque se persigue al narco desde la lógica del capital, se acusa al narco desde la lógica del capital, por la reproducción misma del capital, pero a la vez hay una relación estrecha entre los grandes poderes económicos-políticos y los propios grupos del narcotráfico; en América Latina son casi inexplicables, en los últimos tiempos, la política y el espectáculo sin su relación con el narcotráfico. La otra metáfora o la otra imagen que, me parece, realiza esa conexión legalidad-ilegalidad que usted ha señalado, es la persecución de la migración humana: hace un par de meses en Tamaulipas fueron asesinados cerca de setenta migrantes centroamericanos.Parece que en todo esto hay una continuidad muy significativa: poder, legalidad y violencia.
Dany-Robert Dufour:
Tiene usted toda la razón, mire, haciendo un análisis lógico de la situación en términos de competencia por la dominación de un mercado, le podría decir que existe, por ejemplo, un mercado de la droga que en sí mismo es algo que va perfecto con el ambiente de esta época porque propone a los individuos mercancías para que satisfagan sus apetitos, incluso si eso puede provocar mecanismos de adicción; creo que ahí hay un verdadero mercado, y por donde quiera que hay un mercado hay competencia. Pienso en principio, sin saberlo exactamente, que hay grupos, incluso tal vez grupos del Estado, que están tratando de monopolizar ese mercado y al hacerlo emprenden una lucha en contra de ramas marginales del mismo que deben ser destruidas o integradas dentro de un monopolio completo y total. Aunque no conozco perfectamente la situación, la entiendo como una lucha por el control monopólico del mercado de la droga, donde, al igual que en la lucha por el control del conjunto de los mercados monopólicos, es evidente que para tratar de obtener el monopolio total se requiere crear dentro de las poblaciones grupos integrados y poblaciones
excluidas.Las poblaciones integradas van a recibir algunas gratificaciones; las excluidas, recibirán castigos, justamente, porque no están integradas en ese mercado, y me parece que hay muchas poblaciones excluidas que van a ser castigadas de manera espectacular por no pertenecer al mercado. Esto refleja la ferocidad del mercado que sólo propone a la población la salida de la integración al mercado legal o ilegal o la exclusión del mercado, aunada a una persecución que puede ir hasta la ejecución y los crímenes.
Diego Lizarazo:
La inclusión en el mercado implica la muerte y la exclusión del mercado también implica la muerte. ¿Cómo podríamos explicar esta, no sé si llamarle, paradoja o congruencia de un sistema, instalada en la perspectiva tanática?
Dany-Robert Dufour:
Precisamente me parece que estamos llegando a la especificidad de México, y es que tenemos una situación general que corresponde a una exaltación o una liberación de las pasiones y de las pulsiones que no puede sino producir una violencia generalizada en el mundo entero, que funciona en la globalización. Hay algo en particular, una característica adicional, que es la lucha por la integración en el monopolio que puede dar como resultado decisiones y peleas extremadamente violentas en el momento de la inclusión en esas redes
monopolísticas. Al mismo tiempo hay otra violencia dirigida a aquellos que no pueden ser incluidos en estas redes, que son excluidos. Tal vez esta doble violencia de integración y exclusión es lo que caracteriza el exceso de violencia en México.
Pablo Gaytán:
En las escuelas secundaria y preparatoria se da un fenómeno complejo de violencia que algunos sectores han querido reducir a lo que llaman ‘bulling’, que desvía el foco de atención sobre la complejidad del problema porque busca responsabilizar única y exclusivamente a la familia.
Dany-Robert Dufour:
Yo creo que responsabilizar a la familia de la violencia de los niños equivale a no entender nada de esta cuestión, simple y sencillamente porque la familia en la actualidad ya está fuera del juego, ya no tiene nada que decir para la educación de sus hijos. Si tuviera algo que decir ya nos habríamos dado cuenta, pues probablemente transmitiría valores comunitarios, valores de altruismo. Se ha marginado completamente a la familia de la educación de sus hijos, ahora son las industrias culturales las que tienen la primacía. No estoy en contra de las industrias culturales, pero sí estoy en contra del uso actual que se hace de ellas. A las familias se les ha quitado el derecho de educar a sus hijos, los niños ahora son educados por las industrias culturales, sobre todo por la televisión y los videojuegos, a partir de una máxima egoísta, de la cual le he hablado desde el principio, es decir, la máxima de “goza, defiende al máximo tus intereses, compite con los demás y sé el más fuerte”. La violencia en las escuelas es el resultado directo de esta máxima difundida por las industrias culturales, que es la máxima misma de la antropología liberal. Entonces debemos dejar de acusar a las familias, a la comunidad, y darles nuevamente un lugar como posibles portadoras de otros valores diferentes a los valores egoístas.
Diego Lizarazo:
A propósito de la referencia que acaba de hacer sobre la industria cultural, me gustaría saber su visión acerca de la manera en que los mass media elaboran la experiencia social en términos de experiencia social violenta, pienso, por ejemplo, en dos grandes territorios genéricos: la televisión y el cine: el ámbito de lo documental que en las noticias se realiza como un proceso de espectacularización de la violencia convertida en un principio de gran rentabilidad; y el campo de la ficción donde se ha construido una suerte de poética de la violencia, como, por ejemplo, el ya viejo cine de Tarantino que genera este tipo de gramática, que parece realizarse con mayor plenitud en el videojuego. Entonces aquí me planteo dos cosas: por una parte la manera en que la industria cultural produce o construye una violencia y la usufructúa convirtiéndola en un negocio, y del otro lado la manera en que esta representación, que va más allá del principio clásico de la representación porque en el videojuego se convierte en una praxis y en una lúdica, convoca y establece una relación con unos auditorios integrados fundamentalmente por niños y adolescentes. ¿Cuál es su visión al respecto y cuáles son las principales implicaciones?
Dany-Robert Dufour:
Yo no creo que el problema sea la violencia de las imágenes. El problema empieza cuando las imágenes violentas y espectaculares ya no son simbolizadas. Le recuerdo que varias generaciones atrás había relatos extremadamente violentos, piense usted en los cuentos y en las leyendas que se les contaban a los niños: los niños en esas historias podían ser atrapados, devorados por el Lobo, entraban y salían del vientre del Lobo; pero estas historias se simbolizaban y las angustias de violencia de los niños encontraban una mediación; ahora, en cambio, la violencia ya no está simbolizada, las imágenes aparecen directamente sin ningún texto de mediación. Los padres para estar tranquilos ponen a los niños varias horas frente a la televisión y todas esas imágenes violentas que son difundidas se conectan directamente con las fantasías de omnipotencia que habitan en el psiquismo de todo niño, de todo adolescente e incluso de cualquier adulto. Ahí se produce una conexión directa entre esas fantasías de omnipotencia y las imágenes propuestas sin que ningún texto venga a mediar para simbolizar la violencia que se vio. Esto es particularmente cierto con la televisión, que no implica absolutamente ninguna palabra dentro de la familia. He trabajado mucho en torno a esta cuestión y he definido a la televisión como la “loca de la casa”: habla solita, nunca se detiene aunque le digan alto, nunca interpela a nadie, al que le está mirando diciéndole: a ver, oye, qué piensas de esto que te estoy diciendo; ¡no!, es un simple desfile continuo de imágenes que suprimen cualquier interrupción del texto. Confiar los niños a la televisión es como confiárselos a la loca de la familia. Entonces para mí el problema no
es poner tanto a los niños ante la televisión, sino que los papás no retoman, no recuperan su papel simbólico, hay que decirle al niño: ahora vamos a hablar de lo que viste, cuéntame, simboliza lo que viste; de esta manera se puede establecer una distancia para que no se dé una conexión directa entre las fantasías y las imágenes de violencia. Los seres humanos necesitamos simbolizar la violencia que nos habita, y ahora ya nada la simboliza, al contrario, las imágenes que nos vienen de la loca de la casa permiten un desarrollo infinito y sin límites de esta violencia; y, claro, esto se prolonga en los juegos de video porque ahí siempre
está aquel que para ser el héroe tiene que matar al máximo, lo cual fortalece todavía más las imágenes de omnipotencia sin que haya ningún texto reflexivo que permita un regreso a aquello que yo viví, aquello que abandoné mientras veía esas historias de violencia total. El problema no es tanto el contenido de las imágenes, hay imágenes suaves que también son violentas porque no interpelan al sujeto, no permiten que haya un sujeto que puede responder a otro sujeto, aunque sean imágenes muy lindas no me introducen al discurso. Por ejemplo, ahorita estamos hablando en el orden del discurso, usted me hace una pregunta y mientras yo hablo usted se calla, y cuando usted habla yo me callo, a partir del momento en el que nosotros entramos en el orden del discurso podemos hablar de todo: del horror, de lo simpático, de lo bonito, de lo sublime, del narcotráfico, de todo lo que usted quiera, pero la televisión no permite la entrada del niño en el orden del discurso, el niño ya no puede simbolizar nada; quienes llegan a la escuela no son los hijos de sus padres, sino los hijos de la televisión y de los juegos de video, es decir, niños que nunca fueron introducidos
correctamente en el orden simbólico. No tienen ese respeto mínimo del orden simbólico que hace que cuando yo hablo tú te callas, y que cuando tú hablas yo me callo, este orden simbólico fue completamente destruido por la función de la loca de la casa que ahora ha ocupado el lugar más importante en la educación de los niños.
Pablo Gaytán:
Ahora recuerdo un texto de Félix Guattari que fue traducido al español como “Caosmosis” en el que refiere que cuando el sujeto está viendo la televisión hay como tres niveles en su relación con ella: uno sería esta visión que nos acaba de plantear, hay otro momento que apela a una relación fantasmal que es producida por el barrido de la televisión a nivel técnico y otra que refiere al lenguaje puramente de imágenes, ¿cómo visualiza esa relación “fantasmática” o “fantasmal” que establece el sujeto con la televisión?
Dany-Robert Dufour:
Estoy completamente de acuerdo en esto de la introducción en un mundo no tanto simbólico sino caótico, es decir, que introducimos a los niños en un mundo caótico y no tenemos por qué extrañarnos de las reacciones caóticas que se producen, pues somos los primeros responsables de esta educación caótica, o más bien de esta “no educación”, esta falta de educación que actualmente sufren los niños.
Entrevista a Dany-Robert Dufour - Por Diego Lizarazo y Pablo Gaytán